Todavía no lo habéis comprendido

Indignar.

(Del lat. indignāri).

1. tr. Irritar, enfadar vehementemente a alguien. U. t. c. prnl.
Real Academia Española

Todavía se preguntan muchos quiénes somos los “indignados”.

Los millones de personas que viven en la pobreza absoluta, en el umbral de la pobreza o en cualquiera de las franjas en las que quieran dividir la miseria. Todas las que no llegan a fin de mes, las que malviven de trabajos alienantes, las que sobreviven o incluso las que bienviven de estos. Las que han perdido su casa, las que no duermen por las noches por el miedo de perderla y aquellas que en realidad nunca tuvieron una. Las que se saben hijas de una Tierra enferma. Las que padecen injusticias, las que ven pisoteados sus derechos, las perseguidas, las humilladas. Las que saben que no son menos que nadie y las que por la fuerza de la repetición acabaron creyéndolo. Las que están hartas de que las engañen, de que las traicionen, las vendan y aún quieran hacerlas pasar por idiotas. Las que son testigos de las miserias a su alrededor y se niegan a mirar para otro lado.

Así pues, ¿quién no está indignado?

No es que estemos indignados, es que nos robaron la dignidad.

Todavía se preguntan muchos qué queremos los “indignados”.

Queremos políticos municipales, regionales, autonómicos, nacionales, comunitarios y mundiales al servicio de las personas, ¡de todas! Queremos que la democracia sea mucho más que nombrar un “administrador” cada cuatro años. Queremos políticos que pregunten al pueblo por las cuestiones que afectan al pueblo, no miserables que justifican un sueldo jugoso gobernando en beneficio de otros, mientras llega el día para formar parte de sus consejos de administración.

Queremos que los partidos dejen de partirnos a nosotros. Que dejen de enfrentarnos como las hinchadas rabiosas de su juego. Que dejen de adoctrinarnos con su retórica para arrojarnos a unos contra otros. Que dejen de nublarnos la razón con sus gritos en ese circo al que llaman arco parlamentario.

Queremos que paren de desposeernos de los servicios públicos que legítimamente pertenecen al pueblo para entregarlos a intereses privados. Queremos que dejen de quitarnos lo que es de todos y para todos. Y queremos que nos devuelvan todo lo que ya se han llevado.
Queremos que dejen de enfrentar a las personas que se ofrecieron para proteger con las personas a las que deberían estar protegiendo.

Queremos una economía al servicio de las necesidades de la sociedad y no sociedades esclavas de la economía, una maquinaria fuera de control alimentada con vidas humanas que arrasa con todo allá por donde pasa.

Queremos que dejen de hablarnos de crisis cuando la tierra sigue dando fruto para todos, si no nos la terminamos de cargar. Hay una crisis sí, la de un sistema que ha colapsado. Y hay una crisis de humanidad.

Queremos respeto para los migrantes, personas que han venido huyendo de la miseria de los mismos países que previamente nosotros hemos saqueado.

Queremos que esos que se llaman gobiernos de los “países desarrollados” dejen de provocar, fomentar y participar en guerras de intereses, con la desvergüenza además de hacerlo en nombre de la libertad y la justicia.

Queremos que los crímenes contra el medio en el que habitamos sean considerados como lo que son: crímenes contra la humanidad. Y queremos que sus responsables sean castigados con la mayor contundencia, sin excusas ni subterfugios legales.

Queremos tiempo para educar a nuestros hijos, para compartir con nuestras familias, para disfrutar de la cultura. Merecemos y exigimos tiempo para leer, para pensar, para ocuparnos de nuestro entorno, para cuidar nuestra salud.

Queremos nuestra vida, y que nuestra vida no sea eso que sucede entre una jornada laboral y la siguiente.

Queremos comer sin tener que preguntarnos constantemente qué demonios hay en los alimentos que consumimos, qué habrán esquilmado esta vez para producirlos, a cuántas personas habrán exprimido para ofrecernos este delicioso concentrado. Queremos cubrirnos con prendas, no con el sudor y la dignidad de otros. No soportamos más vivir preguntándonos cuántas vidas cuesta un kilovatio.

Queremos una cultura plural y al alcance de todos. Queremos libertad para quienes la crean y libertad para quienes la disfrutan. Queremos cultura, no anuncios de helados y cerveza.

Queremos que los medios de comunicación dejen de ser medios de manipulación y herramientas de embrutecimiento.
Queremos que las religiones dejen de insultar a la dignidad humana y a la inteligencia. Que dejen de secuestrar la espiritualidad, comerciar con ella y convertirla en un instrumento de control mental. Que sirvan para confortar con la paz en lugar de manipular con el miedo.

Queremos una nueva sociedad basada en respeto para todas las personas y para el mundo en el que vivimos, en la igualdad y en la solidaridad.

¿Tan difícil resulta de entender?

Todavía no lo habéis comprendido. No se trata de un barracón de madera en medio de una plaza. No, salimos a la calle y gritamos por el mundo de nuestros hijos e hijas, de nuestros mayores. Un mundo en el que quepamos todas. ¿Ese mundo es posible? No, ese mundo es necesario.

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Filed under Asamblea Barrio Malasaña, BARRIO

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